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CLASIFICACIÓN: PG-13
DISTRIBUIDO POR:
Paramount Pictures
DIRECTOR:
Martin Scorsese (The Departed, The Aviator, Gangs of New York)
PROTAGONISTAS:
Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts, Ronnie Wood, Martin Scorsese
CRÍTICA DE PELÍCULA POR:
Paul Asay (traducido por Elizabeth Aguilar y René Montiel)

Shine a Light

Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones, observa gentilmente a su audiencia desde el escenario, con su rostro lleno de más arrugas que una cama sin hacer. Una mota de pelo que sobresale por su camisa y los collares de metal que lo adornan, hacen ver al guitarrista como un árbol de Navidad. Tiene 64 años de edad, pero se ve más viejo —tan demacrado como un árbol centenario y tan gastado como una esfinge.

"Es bueno verlos a todos", dice él. "Es bueno ver a alguien".

El hecho de que Richards todavía esté presente para aparecer en el filme-concierto de Martin Scorsese, Shine a Light, es un a señal de la inexorable, pero a veces misteriosa, gracia de Dios. La leyenda del rock ha sobrevivido a la adicción a la heroína, a por lo menos 40 años de uso de drogas ilícitas, y más recientemente, a una caída desde una palmera (que requirió internarlo por una noche en un hospital de la isla de Fiji). ¿Qué hacía Richards subido en una palmera? Muchos dudan de que Richards supiera la respuesta.

"Ni siquiera puedo recordar el día de ayer", le dijo Richards al periódico New York Daily News en una entrevista realizada en marzo.

Richards y sus Rolling Stones son las más viejas leyendas vivientes del rock. Preceden a los iPods, los CDs, los casetes y hasta los toca-cintas. El más joven del grupo, Ronnie Word tiene 60 años. El baterista, Charlie Watts tiene casi 67. Quizá usted se preguntará porqué estoy haciendo tanto alarde sobre la edad. Porque Shine a Light hace énfasis en ello, intercalando canciones del 2006 con videos de los años 60 y 70 de Mick Jagger, cuando era un joven cantante, y quien responde a preguntas sobre la posible longevidad de la banda. ¿Una de sus respuestas? Deberíamos ser capaces de tocar "por lo menos un año más".

Pero si Shine a Light documenta el espectáculo geriátrico más popular del rock, también muestra porqué ellos todavía están en el negocio de la música. Estos tipos son intensos.

Shine a Light es un filme-concierto grabado en el Beacon Theatre de New York, frente a unas 2.800 personas, que captura mucha de la esencia de los Stones. No hay pantallas gigantes de plasma o efectos pirotécnicos elaborados. Las personalidades sobre el escenario son lo suficientemente grandes. Richards y el guitarrista Ronnie Word abarcan el escenario como dos lobos al acecho. Mientras se pavonea como un desgastado adolescente, el carisma de Jagger toma vuelo. El director Martin Scorsese (quien raramente filma una película sin una canción de los Stones dentro del repertorio de la banda sonora) llena la pantalla con una demoledora energía. Los Stones encarnan esta energía.

"Esto es rock and roll clásico", nos dice Scorsese, "creado por los chicos malos originales del rock". Y ser malo es bueno, ¿verdad?

Bueno, eso es lo que Scorsese y los Stones quieren que creamos.

Traigan a los chicos —¡y al presidente!
Musicalmente, los Rolling Stones son excepcionales: Cualquier aficionado a la música rock debería tener al menos un poco de aprecio por la huella que el grupo ha dejado en las últimas cinco décadas. Shine a Light nos permite ver a estos músicos nadando en su elemento natural —su escenario y su música— y eso en sí mismo es un poco inspirador.

"Cuando nos subimos ahí, entramos a nuestra propia zona", le dice Richards a la cámara. "Porque amamos lo que hacemos".

Pero esta es la cuestión: Ya que estos tipos son tan famosos y han estado en el negocio por tanto tiempo, algunos cometen el error de percibirlos, no sólo como músicos, sino también como íconos respetables. Escuchamos la canción "Satisfaction" ["Satisfacción"] en la radio y nos sentimos tentados a pensar en los Stones como un grupo divertido, casi inocente —particularmente si lo comparamos con artistas como 50 Cents o Kid Rock. El hecho de que los Stones ahora vendan "compañías de préstamos y automóviles lujosos" en comerciales de televisión, según el periódico Los Angeles Times, parece haberlos amaestrado. Están tan envueltos por la cultura popular, que este espectáculo es presentado por un ex presidente de los Estados Unidos (Bill Clinton). Éste menciona que trajo a varios chicos para que vieran la banda con él. Aparentemente para Clinton, los Stones se parecen mucho al grupo musical para niños los Wiggles.

Pero incluso los mismos Stones podrían horrorizarse ante la idea de ser fuente de respeto —al punto de que un ex presidente pensara que su música es lo suficientemente adecuada como para traer consigo a un grupo de preadolescentes.

"Pensé que la música rock era una inexpugnable válvula de escape de pura y natural expresión rebelde", le dijo Richards a la revista Rolling Stone. "Solía ser un camino que podías tomar sin tener que besarle el "c…o" a nadie".

Esas no son palabras frívolas. No obstante, tanto el presidente como sus acompañantes, aún no comprenden que los Rolling Stones no son apropiados. Shine a Light quiere resaltar que estos chicos malos todavía son sólo sexo, drogas y rock. Y otros problemas más.

"Música del Cuello para abajo"
Shine a Light es prácticamente una compilación de los más grandes clásicos de los Stones, y algunas veces olvidamos que tan mal intencionados son algunos de ellos. Por ejemplo, "Start Me Up" ["Enciéndeme"] contiene una frase que se refiere a la necrofilia. Y en "Loving Cup" ["Cuna de Amor"] (en la cual los Stones cantan con Jack White del grupo The White Stripes), Jagger y White se sumergen en una gama de dobles sentidos, coronado con "Push and pull with me all night" ["Empuja conmigo toda la noche"]. "Brown Sugar" ["Azúcar Morena"], por supuesto, tiene un contenido sexual. Y Cristina Aguilera corre al escenario con sus zapatos de tacón alto para cantar y bailar provocativamente con Jagger en la menos conocida "Live With Me" ["Vive Conmigo"].

(En una ocasión, Richards describió el rock como la "música del cuello para abajo". Yo diría que como el corazón no tiene mucho que ver con todo esto, es más como música de la cintura para abajo.)

Para hacer un alto en sus himnos sobre sexo durante algunos momentos, la banda se burla del cristianismo en la canción de country "Far Away Eyes" ["Ojos Lejanos"] Jagger sazona la clásica canción del grupo The Temptations "Just My Imagination" ["Solo mi Imaginación"] con la palabra "c…r" —una de dos obscenidades que se escuchan claramente. (Algunas otras son censuradas.)

Pero el verdadero espectáculo es el tributo a Muddy Waters con "Champagne and Reefer" ["Champaña y Marihuana"]. Con la asistencia del maestro del blues Buddy Guy, los Stones le rinden homenaje al uso de drogas ilícitas (Richards admite que aún fuma "marihuana todo el "m…ito" tiempo), con líneas tales como: "Dame champaña cuando esté sediento/Dame marihuana cuando quiera darme un viaje".

El rock es lo que el rock hace
En realidad, todo el espectáculo tiene la intención de alimentar la mística de chicos malos que tienen los Rolling Stones: tanto Wood como Richards fuman sobre el escenario (aparentemente son cigarrillos). Una corista muestra su escote. Los videos de archivo muestran entrevistas excéntricas y despreocupadas que exaltan el prolongado uso de drogas y los problemas con la ley que han tenido Jagger y Richards. Scorsese incluso se satiriza a sí mismo como un director mojigato, que prácticamente le implora a la banda para que le digan cuál será la primera canción, y así poder filmarla efectivamente. Se lo dicen… unos minutos antes de iniciar el espectáculo.

Ah… esos inescrupulosos sinvergüenzas.

Así, para los Rolling Stones el mejor cumplido que les pueden hacer en una crítica de una publicación como Plugged In Online es que su habilidad musical es impresionante y que su energía, a pesar de su edad, es asombrosa, intimidante e incluso escalofriante. Eso, probablemente, se ajuste muy bien a Jagger, Richards y compañía. Quizá hubieran preferido que le diéramos a Shine a Light una baja calificación, o que dijéramos cosas como "vergonzoso", "horroroso" y "esto no es para niños".

Bueno, no es exactamente vergonzoso u horroroso —toma mucho ganar ese tipo de adjetivos de nuestra parte en estos días. Pero pensé en los invitados de 11 y 12 años de edad que llevó el señor Clinton con él y me pregunté qué habrían aprendido de las canciones como "Champagne and Reefer" ["Champaña y Marihuana"], "Start Me Up" ["Enciéndeme"] y "Loving Cup" ["Cuna de Amor"].

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