Ninguna estrella en el mundo infantil y adolescente de hoy día brilla tanto como Miley Cyrus. La precoz, multifacética quinceañera, e hija del cantante de country Billy Ray Cyrus, es la "última atracción" de Disney, ya que domina las preferencias del público joven en la pantalla chica, en las listas de popularidad, y ahora también en la pantalla grande. Ah, y hasta tiene su propio videojuego.
La feroz demanda de boletos para su gira de conciertos en el 2007 acaparó la atención de los medios. Los asientos se vendieron en minutos, y los desesperados padres reportaron precios de reventa que ascendieron hasta los $7,200, con tal de no desilusionar a las fanáticas. "Sabíamos que era popular, pero no teníamos idea de que lo fuera a este nivel", dijo Debra Rathwell, vicepresidente de AEG Live, empresa que administró la gira de Cyrus. "Es como los Beatles".
Por su parte, los genios del mercadeo en Disney, saben distinguir una mina de oro cuando la ven. Así que, al darse cuenta de que aún había demanda por el espectáculo, los ingeniosos arquitectos de marca capturaron el enérgico concierto de Miley —en tercera dimensión. Por solo $15, todas esas fanáticas que no pudieron comprar los boletos por Internet cuando Miley llegó a su ciudad, ahora pueden presenciar la versión filmada.
Poder femenino + Estilo = Miley Cyrus
Hannah Montana & Miley Cyrus: Best of Both Worlds Concert copia la premisa del éxito de Disney Channel: Hannah Montana. En cable, Cyrus interpreta a Miley Stewart, una chica tímida durante el día que durante la noche se pone una peluca y se convierte en estrella de rock. De la misma manera, el concierto está dividido entre estos dos personajes. La primera parte presenta a la estrella, Hannah Montana. La segunda parte, presenta a Miley como ella misma. Una nota para los padres: La única manera en que ustedes sabrán la diferencia es por el color de su cabello. Hanna es rubia; Miley es trigueña.
Lo que se mantiene constante es la energía de Miley. Ella es inconteniblemente agradable, y su aplomo y confianza en sí misma ocultan su tierna edad. Siete cámaras capturan sus ocurrencias en el escenario, conforme su equipo de bailarinas salta durante las canciones que tratan sobre el poder femenino, el amor a los cachorros y la diversión. (¡Me recuerda a Cyndi Lauper!) Todo se asemeja a una mezcla de High School Musical, Avril Lavigne en sus primeros años y Madonna durante la era "Lucky Star".
Entretejido durante todo el concierto, y durante la esencia misma de Hannah Montana, encontramos un mensaje para la familia. Es la gastada fantasía al estilo Disney, desde la época de Pepe Grillo: Hasta las chicas ordinarias pueden volverse extraordinarias —o al menos, vivir en ambientes extraordinarios. En su canción "Just Like You" ("Igual Que Tú"), Miley canta: "Soy una chica afortunada cuyos sueños se hicieron realidad/Pero debajo de todo, soy igual que tú". Obviamente, ese sentimiento vende.
Sentido y (un poco de) Sensualidad
Virtualmente, sin excepción, las cantantes de Disney han iniciado muy inocentes y luego, con el paso del tiempo, han tomado una dirección más candente. Por el momento, Miley aún se encuentra en la primera categoría. El escritor de la revista Variety Peter Debruge anota: "A diferencia de las mosqueteras echadas a perder: Britney Spears y Christina Aguilera, Cyrus proyecta una imagen casta de diversión adolescente, y se presenta sin elementos sexuales, lo cual la convierte en un modelo a seguir menos tóxico para todas esas adolescentes escandalosas".
Es cierto. Sin embargo, aunque la vestimenta de Miley no podría catalogarse como subida de tono, tampoco es completamente modesta. Ella viste camisetas sin mangas y vestidos de túnica combinados con tela a cuadros, lentejuelas, y faldas, pantalones y accesorios de cuero. (Sus bailarinas la imitan.) A veces viste mallas con sus faldas cortas. En otras ocasiones se ven pantaloncillos cortos debajo de su vestimenta mientras se mueve.
No se viste nada que haría que expulsen a una adolescente de un centro comercial. Pero eso no significa que no sea un tema que los padres deban abordar, considerando los millones de chicas que van a rogar por conseguir ropa igual a la de Miley, luego de ver el espectáculo.
De manera similar, las coreografías de Miley nunca cruzan al territorio explícitamente sexual. Pero algunos de sus movimientos se acercan a la frontera. No hay restricciones en los movimientos, los cuales evidencian que Miley está creciendo —y sus coreógrafos lo saben.
Christy Lemire, crítica de Associated Press, escribió: "Como adulta viendo el concierto en 3-D de Hannah Montana, es imposible no sentirse abrumada —pero no por los chillidos de las chicas de 9 años, la nítida imagen digital o lo pegadizo de las canciones de Disney. Sino por la sensación de nostalgia: Uno desea desesperadamente que Miley Cyrus, el torbellino musical de moda, no se convierta en Britney Spears".
¿Medio Lleno o Medio Vacío?
Yo he asistido a muchos conciertos. Pero nunca había estado en uno que estuviese tan saturado de niñas con edades entre 6 y 10. Y esa observación pone en contexto la manera en que respondo tanto a la música como a los elementos visuales.
Para los estándares de contenido adulto de la actualidad, esta película es limpia y buena. ¿Quién se va a quejar de una enérgica quinceañera que motiva a multitudes de fanáticas a ser seguras de sí mismas? Aunque a usted no le guste el constante refrán de ¡Vamos a roquear! ¡Vamos a festejar! ¡Vamos a bailar!, usted debe recordar cuáles son las alternativas a esas frases en la cultura actual.
Al ver un segmento de la película que muestra a las jóvenes fanáticas de Miley cantando sus canciones, recordé la manera profunda en que los chicos se identifican con sus ídolos. Y en este caso, cuando ellas hacen eso, experimentan —a un nivel muy profundo— nada sustancioso. El escritor de Entertainment Weekly, Owen Gleiberman escribió: "Puede que el Rock and Roll nunca muera, pero uno se da cuenta de que ha sido devorado por la cultura consumista al ver Hannah Montana & Miley Cyrus: Best of Both Worlds Concert."
Simplemente, ésta es la más grande y reciente manifestación de la cultura joven. Y la cultura joven ya no se trata sobre los adolescentes. Se trata sobre niñas de 7 años. En este momento, vale la pena preguntarse si la niña promedio de 7 años de edad necesita la azucarada, y ligeramente sensual, bebida que Miley y Disney ofrecen.
Confieso que se siente extraño sentarse a deconstruir las vestimentas y coreografías de una adolescente. Ella es un fenómeno joven que, obviamente, solo se está divirtiendo. Lo que Miley ofrece de manera enérgica es —relativamente— benigno. Podemos compararlo con el algodón de azúcar: es colorido, suave, dulce y sabroso. Si usted come mucho de este alimento sin nutrientes, tendrá un dolor de estómago gigante.
Al final, este filme dice más de las destrezas de mercadeo de Disney que lo que dice sobre la señorita Miley Cyrus.
Una nota final: Entre canciones, se presenta el rodaje tras bambalinas (el cual incluye una plática sobre los rápidos cambios de vestuario de Miley), tomas de fanáticas de Miley en un centro comercial, algunos momentos tiernos entre Miley y sus padres, un interludio de tres canciones por parte de la emergente banda de chicos de Disney, Jonas Brothers. También, en la categoría de hilarante o irresponsable — dependiendo de su perspectiva— se ven padres desesperados calzando zapatos de tacón, en una carrera por ganar boletos para sus amadas hijas. Un par de ellos caen con la cara en el suelo (fuertemente). Miley gentilmente colisiona un carrito de golf.