NOTA DEL REDACTOR: ESTA PELÍCULA CONTENIDO MATERIAL SEXUAL GRÁFICO. ESTA CRÍTICA DE CINE HACE REFERENCIAS A ESTE CONTENIDO Y NO ES APROPIADA PARA NIÑOS.
El padre de Héctor Pérez le advierte que irse de Puerto Rico hará que pierda a su familia. No obstante, el joven músico abandona su tierra natal y la cambia por el Bronx. Resulta ser que el chico llega al lugar correcto en el momento correcto, y su voz privilegiada lo coloca en la cima de un nuevo movimiento en la música latina: la salsa.
Héctor desecha su simple apellido puertorriqueño, lo cambia por uno más romántico –Lavoe– y se convierte en “el artista de la gente”, ganando el amor de miles, incluyendo el de la inquieta neoyorquina Nilda “Puchi” Román.
El Cantante es una película basada en hechos de la vida real, que sigue el surgimiento y la caída de Lavoe como cantante y como hombre. El filme gira alrededor de una supuesta entrevista que dio Puchi en el 2002. Según dice ella, la moraleja de la historia es esta: “Entre más crecía como artista, más se hundía como persona.”
Puchi hace un recuento de la sórdida historia, comenzando en 1963 con el viaje de Héctor a los Estados Unidos y el momento en que se conocieron poco después de su llegada. Casi inmediatamente, ella lo introduce al consumo de marihuana. La hierba lo lleva a la heroína y ésta a la cocaína. Luego de dos años, un bebé y mucho alcohol, tabaco y drogas, Héctor y Puchi se casan. Su hijo, Tito, crece en medio del estrellato de su papá, y también en medio de las permanentes borracheras, drogadicción y violencia doméstica en que viven sus padres.
ELEMENTOS POSITIVOS:
De una forma inconstante, El Cantante enfatiza la importancia que tienen los esposos y padres amorosos, confidentes y presentes. Aunque Héctor nunca logra ser ninguna de esas cosas, le queda claro a los espectadores que él debía haberlo sido, ya que su éxito en esas áreas hubiera hecho la diferencia en las vidas de su esposa y su hijo, sin mencionar en su propia salud mental.
De la misma manera, el hecho de que Puchi estuviera con Héctor por más de 20 años debe verse como algo positivo (claro, si uno puede olvidar la infidelidad intermitente tanto de él como de ella). Asimismo, existe una lección subyacente sobre mantener las promesas y no elaborar excusas. La falla de Héctor en ambos aspectos tiene como consecuencia el rompimiento de su original sociedad musical con Willie Colón.
CONTENIDO ESPIRITUAL:
Se supone que Héctor y Puchi van a casarse en una iglesia, pero debido a la borrachera de él, deben realizar la ceremonia en su apartamento. En uno de sus intentos por vencer a los demonios del alcohol y las drogas, Héctor recibe un rosario de una mujer en una tienda de artículos católicos. La mujer le dice que la imagen de Santa Bárbara lo protegerá contra el “mal de ojo”, que según ella puede llegar a matarlo. Cuando recae en sus viejos hábitos, Héctor se quita la medalla con la imagen.
En Navidad, Héctor parece estar orándole a San Nicolás por un tren de juguete para Tito. Él se arrodilla antes de salir al escenario, pero la letra de una de sus canciones dice: “Debemos recordar que no existe la eternidad / Todo tiene un final.”
CONTENIDO SEXUAL:
Puchi, sarcásticamente, describe su primer encuentro sexual con Héctor, diciendo que fue “impresionante.” Una escena retrospectiva, la cual incluye movimientos y sonidos sexuales, muestra que de hecho fue un encuentro doloroso en el asiento trasero de un viejo automóvil. Las relaciones prematrimoniales de Héctor y Puchi continúan hasta que ella descubre que está embarazada. Solo entonces es cuando él decide casarse, escogiéndola a ella sobre otra mujer quien también está embarazada de un hijo suyo.
Los espectadores son expuestos a varios encuentros sexuales entre Héctor y Puchi, incluyendo uno en el que ella se posa sobre él y le desabrocha el pantalón. Este encuentro en particular, es interrumpido por el deseo de él (el cual es la aversión de ella) de consumir drogas y tener relaciones sexuales al mismo tiempo. En otra escena, ellos están desnudos en la cama, y la audiencia ve tomas de hombros descubiertos, besos y jugueteos. Héctor se mete a la bañera, aún vestido, con Puchi.
Tanto Héctor como Puchi admiten tener sexo con otras personas. Cuando Puchi llega al apartamento de Héctor para casarse, tiene que echar a una bailarina desnudista que se había quedado a dormir luego de la fiesta de despedida de soltero que había tenido lugar la noche anterior. En una ocasión, Héctor le dice a Puchi que quiere que ella tenga relaciones sexuales con otra mujer para excitarse. Ella le dice que solo lo complacerá si él tiene sexo con otro hombre primero.
Héctor hace insinuaciones sexuales durante una conversación con una amiga. Un músico acaricia a una mujer que solo viste ropa interior. Las chicas, tanto en persona como en la televisión, bailan con vestidos muy cortos. Para el montaje del material de un concierto, hombres y mujeres se lamen unos a otros y un chico le desabrocha el vestido a una chica con sus dientes.
CONTENIDO VIOLENTO:
La relación de Héctor y Puchi se ve rodeada de varios episodios de violencia doméstica, incluyendo algunos en los cuales él la toma de los brazos y la empuja. También la toma del cuello como si fuera a asfixiarla. Un guarda de una discoteca trata de sostener a Puchi cuando ella se lanza sobre su esposo en un arranque de ira. A menudo, Héctor y Puchi intercambian odiosos y viles insultos durante sus peleas.
[Advertencia, el siguiente es un adelanto del argumento de la película] Los espectadores se enteran que, accidentalmente, el mejor amigo de Tito le disparó y lo mató. No se muestra el tiroteo, solo se ve al chico robando el arma de casa de sus padres, y luego se ve el funeral. Héctor, al haber perdido toda esperanza, trata de terminar su vida lanzándose desde un balcón. Él sobrevive y se muestra, brevemente, sangrando en una camilla de hospital.
LENGUAJE VULGAR:
El uso de dos palabras “c…r” en cada tres oraciones es un indicador muy acertado de la naturaleza de El Cantante. Para cuando la última oración llega a su fin, se ha dicho “c…r” cerca de unas 80 veces, unidas con al menos una docena de “m…a”. Algunas profanidades son también comunes, tanto en inglés como en español. El nombre de Dios es usado incorrectamente en varias ocasiones.
CONTENIDO CON ALCOHOL O DROGAS:
Ubicada en una época en que los cigarrillos eran esenciales en el ámbito social, El Cantante casi no contiene tomas cercanas que no estén oscurecidas por el humo. El alcohol es casi omnipresente. A menudo, los músicos aparecen con botellas de cerveza en la mano. Incluso, en su boda Héctor le pregunta al sacerdote: “Padre, ¿no queda más cerveza? ¿Está seguro?”
Pero más allá de los cigarrillos y el alcohol, son las drogas las que definen a El Cantante –al hombre y a la película. Luego de probar la marihuana por primera vez, Héctor se enferma tanto que dice que no quiere tocar eso nunca más. Pero eso no dura mucho tiempo. Los puros de hierba se vuelven algo común en su vida, así como lo son en la vida de Puchi. En una ocasión, aparece vestido de San Nicolás, fumando marihuana.
Su subsiguiente consumo de heroína es presentado de manera que se subestima el peso que ello tendrá en su vida y en los estragos que le producirá. En repetidas ocasiones, Héctor y sus amigos músicos son mostrados con jeringas incrustadas en sus antebrazos. Luego, pasan a la cocaína; se ve a varios personajes inhalando y lamiendo la droga. Hacia el final de la película, Lavoe observa que ni él ni Puchi han estado sobrios por más de tres horas en un día en los últimos 20 años. A pesar de que él ha estado en rehabilitación en varias ocasiones, ninguno de esos intentos parece hacer una diferencia significativa en su vida.
[Advertencia, el siguiente es un adelanto del argumento de la película] Héctor es diagnosticado con SIDA (y eventualmente muere de esta enfermedad) como resultado de su abuso de drogas.
CONCLUSIÓN:
A lo largo de su matrimonio, las súplicas desesperadas que le hace Puchi a Héctor para que sea un esposo devoto y un padre atento caen en oídos sordos conforme él fracasa –aunque intenta fuertemente – en dejar sus adicciones y estar con su familia. Su espiral descendente continúa hacia la depresión, la enfermedad e incluso al intento de suicido. Al final, Héctor no solo pierde a su padre, sino también a su hijo y a su esposa. La audiencia queda con un profundo –e irresuelto– contraste entre la exitosa carrera musical de Lavoe y el libertinaje y desolación de su vida personal.
Conforme Puchi cuenta su turbia historia de amor, los espectadores captan varias señales de lo mal que tuvo que haber estado ella como para aceptar las circunstancias de su vida con Héctor. Ella dice que su amor era “realista.” Trata de recordar los momentos felices y procura retratarlo ya sea como alguien gracioso o como una víctima. Pero en realidad, todo es humo y espejos (humo de marihuana y espejos para cortar cocaína, eso es lo que es).
Artísticamente, la película es convincente. Se usan cortos de la entrevista en blanco y negro, mezclados con escenas retrospectivas a color y montajes de conciertos. Todo eso junto pinta escenas creíbles, tanto del intoxicante éxito de la música de Lavoe como del absoluto desastre del resto de su vida. La pregunta es: ¿de qué se supone que debemos convencernos?
Héctor Lavoe dejó una impresión duradera en el mundo de la música latina. Eso es incuestionable. Pero fuera del escenario, todo caía en pedazos. La película no deja ningún buen mensaje. Ni siquiera hay arrepentimiento en el lecho de muerte. El único consuelo que le queda a Puchi, y a la audiencia, es el triste intento de “pensar en los momentos felices”, que aunque fueron pocos y distantes entre sí, existieron.