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CLASIFICACIÓN: PG-13
DISTRIBUIDO POR:
Universal Pictures
DIRECTOR:
Paul Greengrass (United 93, The Bourne Supremacy)
PROTAGONISTAS:
Matt Damon como Jason Bourne; Julia Stiles como Nicky Parsons; Joan Allen como Pamela Landy; David Strathairn como Noah Vosen; Albert Finney como el doctor Albert Hirsch
CRÍTICA DE PELÍCULA POR:
Paul Asay (traducido por René Montiel)

The Bourne Ultimatum

Jason Bourne no acostumbra sentir nostalgia.

Para empezar, no tiene tiempo para eso, suficiente tiene con los malhechores y oficiales de policía que le persiguen. Además, su memoria está llena de agujeros. Todo lo que sabe es que, de algún modo, el gobierno de los Estados Unidos lo convirtió en un asesino tan preciso que hace que James Bond se vea como un empleado de oficina. Y eso lo agota.

No es sorpresa entonces, que Bourne protagonice un filme más en el cual se da a la fuga, persiguiendo su pasado mientras elude a una turba de malos, quienes preferirían que Bourne (y los secretos que guarda en su cerebro) sea eliminado. Bourne quiere recuperar su memoria, y quiere que la gente que se la quitó pague por ello.

Su primer paso, en esta tercera entrega, es rastrear a un reportero británico que parece saber más sobre su pasado que él mismo. Y lo encuentra. Pero también lo encuentran agentes del gobierno y todo lo que le queda a Bourne es su libreta de apuntes. Usándolo para armar el rompecabezas de su vida, Bourne viaja a España, Tangier y eventualmente, a los Estados Unidos, en donde se enfrenta a asesinos, al gobierno federal y a su propio y retorcido creador.

ELEMENTOS POSITIVOS:
Claro, puede que Bourne sea un asesino; pero se siente muy mal al respecto. El hecho de que habla cerca de 20 idiomas y puede noquear a cualquiera, no es consuelo para él debido a que, de cierta manera, es un monstruo.

"Puedo ver sus rostros," se lamenta. "Todos los que he matado. Solo que no sé sus nombres."

Ya sea fruto de esos rostros que lo persiguen, o de su atormentada conciencia emergente, Bourne demuestra limitaciones y remordimiento durante el filme. Mientras el gobierno llama "agentes" a sus asesinos especialmente entrenados, Bourne es capaz de ver la humanidad, aún, en sus posibles verdugos. De hecho, deja a uno de ellos irse, aunque tiene que toparse con él nuevamente. Mata a otro en Tangier y luego se mira las manos llenas de sangre lamentándose. En contraste al mencionado agente 007, quien puede matar sin pensarlo a docenas de personas en un día, la cantidad de muertes en Ultimátum es limitada. Y cuando Bourne mata, es cuestión de vida o muerte, no de venganza.

Bourne es auxiliado por personas inesperadas y sus aliados demuestran altos niveles de sacrificio. En Madrid, una agente de la CIA arriesga su vida y su carrera para ayudarle a escapar de una situación espinosa. Otra agente sacrifica su carrera para ayudarle a Bourne a encontrar sus tan esperadas respuestas. Cuando Bourne le dice que la CIA la matará por ello, ella responde que ayudó a Bourne porque "no me enrolé para esto." Ella quería limpiar el nombre de la CIA y lograr que los Estados Unidos volvieran a su estado de autoridad moral.

Como si devolviera los favores, Bourne se arriesga para salvar a un aliado.

CONTENIDO SEXUAL:
Bourne tiene un recuerdo vívido de un beso apasionado que compartió con una antigua novia, quien murió en el filme anterior. (La ropa de la chica prácticamente se cae durante el beso.) Bourne también recuerda cuando trató de resucitarla bajo el agua, con un "beso."

CONTENIDO VIOLENTO:
Ultimatum es un filme frenético y violento, pero no particularmente sangriento. Hay peleas, persecuciones en auto y muertes, y son presentadas a la audiencia a un ritmo tan rápido que es difícil seguirlas con la vista.

Aunque Bourne evita matar gente, no tiene reparos morales respecto a golpearlos. Los malos y los policías que se cruzan en su camino reciben el mismo tratamiento; en su mayoría terminan inconscientes en el suelo.

Las amenazas reales de Bourne vienen de parte de sus compañeros agentes. Él lidia con una persecución en automóvil en Nueva York, la que deja la patrulla robada de Bourne hecha pedazos y a docenas de conductores inocentes con las carrocerías de sus autos averiadas. El agente se lleva la peor parte: luego de la persecución, Bourne sale de su auto, apunta una pistola contra la furgoneta que presenta al sangriento y casi inconsciente asesino. Bourne baja la pistola y sale corriendo.

Otra intensa pelea con un asesino está llena de golpes, patadas y movimientos dolorosos. El conflicto concluye cuando Bourne estrangula al hombre hasta matarlo. En otra ocasión, un hombre recibe un balazo de un francotirador, y la audiencia lo ve caer dramáticamente al suelo, a cierta distancia. (Una toma más cercana revela un charco de sangre debajo de su cabeza.) Otro asesino muere tras el impacto de una bomba.

Quizá la escena de violencia más impactante viene presentada como un recuerdo. Bourne, bajo la influencia de técnicas para lavar el cerebro, es guiado por el doctor a cargo del programa a recordar su primer asesinato. Bourne le pregunta al doctor quién es la víctima. "No importa," dice el doctor, y le recuerda a Bourne que él se ofreció como voluntario para el asesinato. "No eres un mentiroso, ¿o sí?" pregunta el doctor. "¿O eres muy débil para verlo?" De repente, se ve a Bourne sacando una pistola y disparándole a un hombre que tiene la cabeza envuelta por una bolsa negra.

LENGUAJE VULGAR:
La palabra "m…a" se dice tres veces. "inf...o" y "d...ios" aparecen unas 10 veces en total. Resultan más problemáticos aún los usos del nombre de Dios y de Jesús como improperios (tres usos de "d...ios" y media docena de "Jesús" o "Cristo").

CONTENIDO CON ALCOHOL O DROGAS:
El filme inicia mientras Bourne entra sangrando y cojeando a la bodega de un hospital, en donde se inyecta con algún tipo de medicamentos y trata de curarse a sí mismo. En un restaurante, se ve un vaso con cerveza.

OTROS ELEMENTOS NEGATIVOS:
Bourne podría llamarse el cleptómano del mundo de los espías. Hurta drogas, libretas, ropa, latas de aerosol, monopatines, motocicletas, patrullas de policía y documentos súper-secretos de la CIA, sin tan siquiera pestañear.

CONCLUSIÓN:
Al igual que todos los filmes bien elaborados, The Bourne Ultimatum es como una cebolla: presenta capa sobre capa de intriga, dilema y conflicto.

En la superficie, es la película para el intelectual, en donde la imparable acción se hace a un lado para dar paso al juego del gato y el ratón entre Bourne y sus agresores. Ultimatum y sus predecesoras (The Bourne Supremacy y The Bourne Identity) no tratan de cómo Bourne vencerá a los malos por la fuerza (aunque hace mucho de eso), sino de cómo los vencerá intelectualmente. A veces no parece un reto muy grande — el coeficiente intelectual de un oponente de Bourne parece fluctuar entre 60 y 150, según las necesidades del argumento — pero este es un filme lleno de movidas y contraataques, en donde Bourne funciona como un maestro del ajedrez.

Una capa más abajo, el filme puede ser interpretado como una crítica a los excesos gubernamentales, y apunta un dedo acusador contra la presente administración. Los villanos de Ultimatum son, esencialmente, burócratas, realizando actividades despreciables bajo las narices de la prensa y los ciudadanos, todo en el nombre de la seguridad nacional. La CIA interviene los teléfonos de los periodistas y sus colaboradores; los líderes traicionan a los subordinados para preservar sus trabajos. Y esos burócratas están dispuestos a matar para mantener sus secretos. Solo un puñado de valientes son capaces de atravesarse en su camino.

Pele un par de capas más, y se encontrará una historia inspirada en el clásico de Mary Shelley, Frankenstein, y sus viejas temáticas sobre la ciencia que altera la naturaleza (o, en este caso, la naturaleza dada por Dios) en algo casi diabólico.

"He tratado de disculparme por lo que he hecho, por lo que soy," dice Bourne. "Nada de ello hace diferencia alguna.

Bourne, al igual que el monstruo de Frankenstein (en las películas de los años 30, al menos), se lamenta por su propia monstruosidad y encuentra una pizca de humanidad — una chispa de un alma que presagia algo mejor. Y aunque en ocasiones esa capa de la cebolla se echa a perder por el lenguaje vulgar, la violencia y la falta de ética, la chispa permanece.

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